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Los Niños del Vallenato actuaron el jueves en el corazón de Berlín

Fuente: El Tiempo - 2005-02-14

Cuando la semana pasada se anunció que Álvaro Uribe, aplazaba su visita a Europa, ellos habían cruzado el Atlántico y llegaban a Madrid.

"Se salvó por lo menos esta vaina", alcanzaron a decir las responsables de la agenda cultural. No era para menos. La presencia de los vallenaticos y del maestro Rafael Escalona en la comitiva oficial del Presidente, había inspirado a las embajadas en Alemania, Francia y Holanda la organización.

Desmontar esos "toques" en Madrid, Barcelona, Berlín, París y Holanda habría sido tan o más dispendioso que congelar la propia agenda de Uribe. La gira

En Madrid y Barcelona acompañaron y les revolvieron la nostalgia a los colombianos, durante el proceso de regulación inmigratoria.

Pero en Alemania lograron todavía más. Llegaron directo a clavar su bandera musical en el corazón mismo de la cuna del acordeón: La casa Hohner, fábrica que produce el instrumento responsable de que nuestro vallenato sea lo que hoy es.

 

Esta fábrica queda en Trossingen, una ciudad al sur de Alemania, pero su máximo representante, Horst Bräuning, gerente general, aceptó la invitación de la embajada de Colombia y prometió viajar a Berlín para "dar un saludo breve y entregar unas armónicas de regalo a los niños".

Era el anuncio de la aparición formal de un directivo de la Hohner en la escena vallenata. Este hecho no se había dado antes, a ese nivel, ni en Alemania ni en Colombia, en tantos años de paternidad compartida del género musical.

Bräuning llegó al concierto, serio, formal y discreto y salió coronado, emparrandado y como Clinton con el primer grupo de vallenaticos, "entrelazao" con Colombia.

Los más exigentes

"Es fascinante sentir en directo la pasión con que estos niños viven la música. Yo sólo había visto un documental sobre el vallenato que me aclaró algunas cosas. Por eso para mi este es un encuentro muy emocional porque me creo con un poquito de derecho a sentirme orgulloso" dijo, el gerente.

Pero su encuentro con los niños vallenatos no solo dio para frases de emoción.

En medio de la parranda vallenata que se armó después del concierto en la casa de Estella Vargas, ministro plenipotenciario de la Embajada, Bräuning reveló la importancia del vallenato para su empresa.

Dijo que más allá de las cifras: "Producimos acordeones para todo el mundo y en Colombia vendemos alrededor de 200 al año, a razón de 700 euros cada uno".

El vallenato constituye el mayor reto técnico para su empresa porque "ningún género musical de los múltiples que tienen el acordeón como pieza clave le exige tanto al instrumento.

"Para nuestros ingenieros la forma cómo se toca el acordeón en Colombia es fuente de información y referencia para investigación y desarrollo de materiales más resistentes, más sólidos y a la vez artísticos.

"Nadie le saca al acordeón todas las posibilidades que éste tiene como lo hacen ustedes. Lo martirizan, en el buen sentido de la palabra y eso no es ninguna pequeñez, sino una prueba de fuego" agregó, acomodándose risueño su sombrero 'vueltiao', con el que los niños lo coronaron al final del concierto.

Duelo de acordeoneros

En el transcurso de la parranda, escuchando el sonido de sus acordeones sin micrófonos ni amplificadores, Bräuning quien es ingeniero y también acordeonero, hizo una pausa para hacer averiguaciones sobre una costumbre vallenata que le era totalmente desconocida.

"Dígame una cosa, a estos acordeones les pasa algo, ¿han sufrido algún tipo de modificación?" le preguntó a través de una improvisada intérprete a Erwin Quintero, director del grupo.

"Ah pero claro" contestó Quintero. "Nosotros allá los arreglamos. Cuando los compramos les mandamos subir entre medio hasta dos tonos".

El gerente, asombrado, preguntó que quién lo hacia y por qué. "Porque el sonido vallenato que nos gusta no lo producen ustedes y por eso tenemos nuestros "arregladores" propios, agregó el director.

"Interesante y muy ingenioso lo que me cuenta" anotó el gerente. Y entonces Quintero aprovechó el momento para dar una queja.

"Frecuentemente pasa que el tercer botón -de izquierda a derecha- se queda hundido. Hace poco compramos 18 acordeones y a todos les pasó lo mismo".

"Mañana mismo hablo con mis ingenieros" dijo el gerente pensativo. Un minuto después se colgó un acordeón y se unió al toque interpretando una tonada popular alemana, rodeado por el grupo. Antes de irse, prometió que este no sería el único encuentro familiar y parrandero y pidió que lo mantuvieran al tanto del Festival.

Contentos y triunfantes los niños vallenatos se fueron con su música a Francia y Holanda y en medio de homenajes y aplausos, el maestro Escalona anunció que Berlín le había inspirado a escribir sus memorias. Pero esa es una historia recién nacida que todavía no quiere anunciar del todo...